FELIZ CUMPLE 100 AÑOS CLUB ATLETICO STOCKOLMO

Queremos compartir una muy linda carta que recibimos de un ex jugador relatando momentos de la rica historia de la institución. Click en Mas.

Una vieja camiseta azul

En estas horas previas al cumple del centenario de mi querido Stockolmo comenzaron a embargarme decenas de recuerdos y emociones de tantos años que me hicieron dirigir a un viejo baúl en busca de uno de mis tesoros más valorados.

Comencé a sacar cosas y cosas… hasta que finalmente, con el baúl casi vacío apareció una vieja camiseta de básquet. Estaba sanita, no muy limpia pero había sido respetada por polillas y ratones. La abracé y la besé con efusivo cariño. De color azul oscuro con vivos blancos, tenía del lado del corazón un escudo con la letra S. En la parte trasera superior decía en letras blancas “STOCKOLMO” siguiendo una línea curva, debajo el número 4 y más abajo “BRUNO”. En el centro de la parte delantera también tenía un 4, más pequeño que atrás. Felizmente no tenía todos esos logos que se usan ahora, esos mamarrachos que hacen poner los patrocinadores que donan a los clubes unos mendrugos para ayudarlos a subsistir. En las camisetas de hoy en día no hay lugar ni para el escudo, menos aún para el nombre del club y del jugador.

Recordé las primeras camisetas azules, con 15 años de edad, en juveniles. Y ahí afloraron quienes las portaban con gallardía y entusiasmo: los Lamas, los Lema, Hidalgo, Moscatelli, Gobaira, “Quineta” Rodríguez, los Irisarri y otros que escapan a mi memoria septuagenaria. Aún bajo los efluvios de compartir con dos medallistas olímpicos y del plantel del “Sto” campeón federal del 54, aprendiendo de ídolos como Lombardo, Tapie, Buschiazzo, Oyhantcabal y los Mera, iniciamos nuestra carrera como juveniles. Esa primera etapa coincidió con el descenso. ¡Qué tristeza!, cuántas lágrimas derramadas cuando Badano de Aguada nos “llenó la canasta” y nos mandó a Segunda de Ascenso.

Había que ascender rápido y, bajo la presidencia de Piquinela, se armó el cuadrazo de 1961: regresó el gran Raúl Ebers Mera, junto a Ciavattone, Losada, Pedro Bolaña, “Cacho” y Diego Brito. Campeonato a 30 fechas, invictos durante 29, ascenso asegurado. Felicidad total, empañada cuando perdimos el invicto en el último partido, contra Defensores de Maroñas.

1962. Ese cuadro era tan bueno que tenía que salir campeón de primera. No se pudo, igual un dignísimo vicecampeón. Eran los años de predominio absoluto del Tabaré de Poyet, Gómez, Márquez, Otero y Piñeiro, Freire y Pohosky.

Año siguiente, ascenso a la reserva y poca alternancia en la primera para mí con 18 cumplidos. Venía de jugar bien en juveniles. Desilusión y emigración al Club Las Piedras. Varios años allí y regreso a casa, el “Sto”, en 1968. Plantel renovado: Borroni, Silveira, Paco Bolaña, Tornaría, los Lombardo, los Mangino, Andorno, Suárez. Y yo, casi titular. El gran Ebers, una garantía en la dirección técnica.

Pero la vida, ah, la vida: amor, casamiento, agronomía y contrato en La Estanzuela. Todo junto, en abril de 1969. Todo junto. Primó la vida, iniciar una nueva vida. 

                                                 ————————-

A esa  vieja camiseta azul la lucí en esa temporada 1968-69, que fue la última en primera división de ese club que estaba en la cima del básquet uruguayo.

Abrazando la camiseta, recordaba lo placenteros que eran los partidos y las prácticas disfrutando del apoyo de la hinchada, del aroma de las flores del Prado en primavera y verano, lo crudas que eran las prácticas invernales porque en esa época la mayoría de las canchas eran abiertas. Igual el básquet era siempre un desahogo para las tensiones del trabajo y del estudio y un excelente acompañante para un joven amor. 

Jugué buenos campeonatos, ganamos partidos jugando bien o mal, perdimos partidos jugando mal o bien, ganamos o perdimos por veinte o sobre la hora, bueno, todas esas circunstancias que depara el deporte competitivo. Aún recuerdo la adrenalina del día de cada partido, los nervios que se vivían en el vestuario antes de salir a la cancha, el efusivo recibimiento de los hinchas que nos acompañaban fielmente a todos lados. Y en los partidos siempre el esfuerzo al límite para honrar esa camiseta y alegrar a la fiel parcialidad.

Me puse la camiseta como para acelerar y potenciar las vivencias, los recuerdos. Estos se venían en torbellino. Volviendo a abril del 69, la inminencia de la boda y el traslado a Colonia. Triste despedida de los compañeros del club, de la hinchada. Pronto la camiseta azul número cuatro tendría otro dueño. Nosotros nos íbamos para empezar otra vida. Otra vida en muchos aspectos: familiar, laboral, social y hasta deportivo. Por suerte, en Colonia había campeonato de básquet, así que mi vieja camiseta azul quedó en el ropero y durante cuatro años usé la azulgrana del Club “Semillero” y la roja de la selección coloniense.

Aún con la azul sin lavar puesta, seguí reviviendo una larga carrera como basquetbolista. Ella disparó en mí una especie de documental cuyos siguientes capítulos fueron el básquet en el Penal de Libertad, junto con grandes como La “Gata” García, Haller, Freire, Curti, Bernardito Larre Borges, por nombrar a algunos. Años después el “Stevensgade” de Dinamarca, el “LAM” de Mozambique, el “Estelí” de Nicaragua y el “MAG” de Costa Rica. Carrera de décadas con algunos éxitos, muchos fracasos, enormes emociones y frecuentes lesiones.

Viviendo en Costa Rica, en 1995 se jugó en ese país el Campeonato Mundial de Veteranos. En ese torneo me incorporé a la selección uruguaya y a la UNIONVET. Durante 18 años vestí la celeste en seis mundiales y un panamericano, siempre perdiendo más que ganando pero disfrutando de un genial grupo de amigos, de los viajes, de la compañía de María Orfilia. Hace seis años, en el mundial de Grecia, mis rodillas dijeron “basta de básquet”. 

Me saqué la vieja camiseta azul de mi querido Stockolmo, la besé, le agradecí los felices años que me acompañó y con la que aprendí a jugar, le expliqué que tuve que dejar el básquet después de 53 años ininterrumpidos y le pedí perdón porque ahora juego, un par de veces por semana, al tenis. Hoy saludo a mi querido Club y lo felicito por su primer Centenario. También abrazo a todos los amigos y compañeros del básquetbol, con quienes compartimos afectos y emociones durante más de medio siglo.
Alfredo Bruno, 25 de Julio de 2019.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com